Petroperú:
entre la deuda, la ineficiencia y el debate sobre su futuro
Petroperú,
la empresa estatal encargada del transporte, refinación, comercialización y
almacenamiento de combustibles, ha sido durante décadas un símbolo de la
presencia del Estado en el sector energético. Fundada el 24 de julio de 1969
por el Decreto Ley N° 17753, su misión original era garantizar el
abastecimiento de combustibles y fortalecer la soberanía energética del país.
Sin embargo, en las últimas dos décadas, la historia de Petroperú ha estado
marcada por graves problemas de gestión, pérdidas millonarias y una creciente
deuda que ha encendido el debate sobre su viabilidad como empresa pública.
Administraciones económicas: una historia de altibajos
A
lo largo de diferentes gobiernos desde 2005 hasta la actualidad, la gestión
económica de Petroperú ha sido, en términos generales, deficiente. Aunque
existieron breves períodos de equilibrio especialmente entre 2006 y 2011,
cuando los altos precios del petróleo y una relativa disciplina financiera
permitieron cierta estabilidad, la tendencia predominante ha sido el deterioro.
Uno
de los puntos más críticos fue la decisión de construir la Refinería de Talara,
un proyecto emblemático iniciado durante el gobierno de Ollanta Humala
(2011–2016) y culminado bajo el gobierno de Pedro Castillo (2021–2022).
Originalmente presupuestado en US$3,700 millones, el costo final superó los
US$6,500 millones, lo que lo convirtió en uno de los proyectos de inversión
pública más caros y cuestionados de la historia del país. Aunque la refinería
modernizada prometía mayor eficiencia y menores importaciones de derivados, su
operación aún no ha logrado generar los retornos esperados.
Además,
la empresa ha enfrentado problemas estructurales: obsolescencia tecnológica,
alta burocracia dorada, falta de transparencia, y en algunos casos,
señalamientos de corrupción. Estos factores han impedido que Petroperú compita
eficientemente con empresas privadas del sector energético.
Pérdidas acumuladas en los últimos 20 años
Según
cifras del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y de la propia Petroperú, la
empresa ha acumulado pérdidas netas superiores a los US$5,000 millones entre
2005 y 2025. Parte importante de estas pérdidas se debe a:
-
Subsidios implícitos por precios regulados de combustibles.
-
Ineficiencias operativas en el transporte y la refinación.
-
Costos financieros por una deuda que supera los US$7,000 millones a inicios de
2026, en gran parte garantizada por el Estado.
-
Impacto de la volatilidad de los precios internacionales del petróleo, que la
empresa no ha podido manejar con coberturas adecuadas.
La
deuda de Petroperú es tan significativa que ha requerido múltiples rescates
fiscales, incluyendo la emisión de bonos soberanos respaldados por el Tesoro
Público, lo que ha generado presión sobre las finanzas nacionales.
¿Privatizar
o mantener en manos del Estado?
Argumentos
a favor de la privatización:
-
Los gobiernos de turno han demostrado incapacidad reiterada para gestionar
eficientemente empresas industriales complejas como Petroperú.
-
La competencia con actores privados podría reducir costos, mejorar calidad y
liberar al fisco de subsidios recurrentes.
-
El modelo de propiedad estatal ha sido usado políticamente, lo que distorsiona
decisiones técnicas y estratégicas.
Argumentos
para mantenerla en manos del Estado:
-
El control estatal sobre infraestructura crítica (como ductos y refinerías)
garantiza autonomía energética en momentos de crisis.
-
En países vecinos como Colombia y Brasil, empresas estatales como Ecopetrol y
Petrobras han logrado ser eficientes y rentables, lo que demuestra que el
modelo no está condenado al fracaso. Estas empresas han manteniendo una gestión
enfocada en la eficiencia, control de costos y crecimiento de reservas.
-
La privatización sin un marco regulatorio sólido podría derivar en oligopolios
o abusos de mercado.
Privatizar o reformar
Más
que una discusión ideológica, el caso de Petroperú requiere una reforma
estructural profunda. Si el Estado decide conservarla, debe dotarla de
autonomía real, una junta directiva técnica (no política), disciplina
financiera e inversiones sostenidas. Si opta por la privatización parcial o
total, debe hacerlo con transparencia, competencia y salvaguardas regulatorias.
En
cualquier escenario, el objetivo debe ser claro, que Petroperú deje de ser un
lastre fiscal y se convierta en un motor de estabilidad energética y desarrollo
industrial. Hasta ahora, ha sido más lo primero que lo segundo. Y los peruanos
no podemos seguir pagando ese costo.
Si
el gobierno decidiera avanzar hacia una privatización parcial o total de
Petroperú, sería fundamental acompañar ese proceso con un marco regulatorio
robusto que evite la concentración de mercado, garantice la seguridad
energética y proteja los intereses del Estado y de los consumidores. Principales
salvaguardias regulatorias que deberían implementarse:
1.
Fortalecimiento del regulador energético independiente.
Actualmente,
el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin) tiene
funciones de supervisión, pero su poder es limitado frente a decisiones
estratégicas de abastecimiento o precios.
Salvaguardia:
-
Elevar a Osinergmin al rango de regulador energético con autonomía técnica,
financiera y funcional, similar a los reguladores en Chile Comisión Nacional de
Energía (CNE) o Colombia Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG).
-
Dotarlo de facultades para fijar tarifas de transporte por ductos, supervisar
reservas mínimas de combustibles y sancionar prácticas anticompetitivas.
2.
Desagregación funcional
Petroperú
concentra actividades que, en mercados maduros, están separadas: transporte,
oleoductos, refinación, almacenamiento y comercialización.
Salvaguardia:
-
Separar legal y contablemente estas funciones, especialmente el transporte por
ductos (infraestructura naturalmente monopólica), que debería operar como un
operador independiente de red (OIR).
-
Obligar a que cualquier empresa pública o privada que use los ductos lo haga
bajo tarifas reguladas no discriminatorias.
3.
Cláusulas de seguridad energética en los contratos de privatización
La
experiencia internacional muestra que los gobiernos deben retener ciertos
derechos estratégicos.
Salvaguardia:
-
Incluir en los contratos de venta o concesión cláusulas de emergencia nacional,
que permitan al Estado:
. Priorizar el abastecimiento interno en
crisis (por ejemplo, conflictos geopolíticos o desastres).
. Fijar precios máximos temporales en
situaciones de volatilidad extrema.
. Recuperar temporalmente el control de
activos críticos (con compensación justa).
4.
Fondo de estabilización o cobertura de precios
La
volatilidad del petróleo ha golpeado las finanzas de Petroperú por falta de
coberturas.
Salvaguardia:
-
Crear un fondo soberano de estabilización de combustibles, financiado con una
pequeña contribución por galon vendido, para suavizar el impacto de los precios
internacionales en el consumidor sin distorsionar el mercado.
5.
Reglas claras contra la concentración de mercado
El
mercado de combustibles ya está altamente concentrado (Repsol, Petrobras, Enap,
etc.). La entrada o expansión de un nuevo gran actor privado podría agravar
esto.
Salvaguardia:
-
Establecer límites a la participación de mercado en refinación, distribución y
estaciones de servicio.
-
Obligar a la venta de activos si una empresa supera umbrales predefinidos
(remedios estructurales, como en fusiones).
-
Prohibir acuerdos de fijación de precios o zonificación entre competidores.
6.
Transparencia y rendición de cuentas
La
opacidad ha sido una constante en la gestión de Petroperú.
Salvaguardia:
-
Exigir a cualquier concesionario o socio privado:
. Auditorías independientes anuales.
. Publicación de contratos, volúmenes
operados y tarifas en portales accesibles.
. Reporte obligatorio de emisiones y planes
de transición energética.
7.
Protección del empleo y activos estratégicos
La
privatización no debe significar desmantelamiento.
Salvaguardia:
-
Garantizar la continuidad laboral durante un período mínimo (por ejemplo, 3–5
años).
-
Declarar como bienes inalienables ciertos activos críticos (como el Oleoducto
Norperuano o la Refinería de Talara), que podrían ser concesionados, pero no
vendidos en propiedad plena.
Una
privatización sin estas salvaguardias sería un error costoso, podría entregar
infraestructura estratégica a intereses privados sin garantías para el país,
repitiendo errores de décadas pasadas. Pero una privatización bien diseñada,
con regulación inteligente, podría transformar a Petroperú de un pasivo fiscal
en un activo eficiente.
El
verdadero desafío no es ideológico: es técnico e institucional. Y el Pais
necesita, más que una venta apresurada, un nuevo contrato social con el sector
energético.
Pérdida de control efectivo sobre activos estratégicos
Petroperú,
como empresa estatal de hidrocarburos, ha enfrentado en las últimas décadas una
progresiva pérdida de control efectivo sobre activos
estratégicos, ya sea por concesiones mal diseñadas, abandono operativo,
litigios o falta de inversión. A continuación. los principales activos críticos
que históricamente pertenecieron o deberían estar bajo su influencia, pero que
actualmente no controla de forma efectiva y cuya recuperación o reordenamiento
sería clave para su viabilidad energética y financiera:
1.
Participación en la producción de crudo (especialmente en el Lote 192)
-
Situación actual:
El Lote 192 (anteriormente Lote 1-AB), en la
selva norte del Perú, es el campo petrolero más grande del país y ha sido
operado históricamente por empresas privadas (Petrobras, luego Frontera
Energy).
Petroperú no tiene participación accionaria
ni derechos de producción en este lote, a pesar de que el crudo producido
abastece en gran parte a su Refinería de Talara.
-
Por qué es crítico:
Sin una fuente propia de crudo, Petroperú
depende del mercado spot o de contratos comerciales volátiles, lo que afecta su
margen de refinación y su capacidad de planificación.
-
Qué se necesita:
Negociar una participación directa (through a
joint venture o contrato de servicios con participación en producción) en el
Lote 192 u otros lotes en la Cuenca del Tigre, como parte de una política de
integración vertical.
2.
Control del Oleoducto Norperuano (ONP)
-
Situación actual:
Aunque Petroperú es la propietaria legal del
ONP, no lo opera directamente desde 2016. La operación la realiza actualmente Oleoducto
Norperuano S.A. (ONSA), una empresa creada por el consorcio China National
Petroleum Corporation (CNPC) tras asumir la operación del Lote 58, y que ha
sido objeto de disputas contractuales y ambientales.
-
Por qué es crítico:
El ONP es la única vía terrestre para
transportar crudo desde la selva hasta la costa. Su infraestructura es
estratégica para la seguridad energética. La falta de control operativo limita
la capacidad de Petroperú para coordinar abastecimiento y reducir costos
logísticos.
-
Qué se necesita:
Recuperar la operación directa o al menos la
supervisión técnica plena del ONP, asegurando mantenimiento, transparencia en
volúmenes transportados y cumplimiento ambiental.
3.
Terminal Marítima de Paita y otros activos de logística
-
Situación actual:
Petroperú posee el Terminal Marítimo de Paita
clave para la exportación/importación de crudo y derivados, pero su uso ha sido
limitado y subutilizado. Además, carece de control sobre terminales privadas
(como las de Repsol o Enap Sipetrol) que dominan el mercado de importación de
diésel y gasolinas.
-
Por qué es crítico:
El control de terminales marítimas le
permitiría a Petroperú negociar mejores precios de flete, gestionar reservas
estratégicas y competir en igualdad de condiciones.
-
Qué se necesita:
Modernizar y operar activamente el Terminal
de Paita como hub logístico nacional, posiblemente en régimen de acceso abierto
regulado.
4.
Derechos sobre reservas no desarrolladas
-
Situación actual:
El Estado (a través de Perupetro) ha cedido
derechos de exploración y explotación en más del 80% del territorio petrolero a
empresas privadas, muchas de las cuales no han invertido ni desarrollado los
lotes asignados.
-
Por qué es crítico:
Hay
lotes con potencial (especialmente en la selva central y sur) que podrían
abastecer a Petroperú, pero están inactivos o subexplotados bajo la gestión
privada.
-
Qué se necesita:
Aplicar cláusulas de reversión o caducidad en
contratos incumplidos y asignar esos derechos a Petroperú para que, con socios
técnicos, los desarrolle bajo modelos de riesgo compartido.
5.
Infraestructura de almacenamiento estratégico
-
Situación actual:
Perú carece de reservas estratégicas de
combustibles (como las que tienen Chile o Colombia). Petroperú posee tanques en
Talara, Conchán e Ilo, pero su capacidad es insuficiente y no hay una política
nacional de reservas.
-
Por qué es crítico:
Sin reservas, el país es vulnerable a choques
externos (guerras, bloqueos, crisis logísticas).
-
Qué se necesita:
Ampliar y centralizar el control del
almacenamiento bajo Petroperú, con financiamiento estatal o en asociación
público-privada, para constituir un sistema nacional de reservas estratégicas
(mínimo 30–60 días de consumo).
Petroperú
no necesita necesariamente "recuperar" activos en el sentido de
expropiar, sino reconfigurar su rol estratégico en la cadena de valor. El
problema no es solo la propiedad, sino la capacidad de ejercer control efectivo
sobre flujos físicos y comerciales de hidrocarburos.
Recuperar
influencia sobre la producción de crudo, el transporte por ductos, la logística
portuaria y el almacenamientono es un capricho estatista: es una condición
mínima para que Petroperú deje de ser un "refinador dependiente" y se
convierta en un actor energético integral y soberano sin ello, cualquier
intento de reforma pública o privada estará condenado a la fragilidad.
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