La
Tormenta perfecta en un mercado de marcas personales
La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE)
organizo el domingo 7 de diciembre las elecciones primarias, vía delegados, de
37 organizaciones políticas (34 partidos políticos y 3 alianzas electorales), a
fin de elegir sus candidaturas a la presidencia de la República, el Congreso y
al Parlamento Andino.
Los resultados finales de las elecciones
primarias realizadas por 34 partidos y 3 alianzas el domingo 7 de diciembre han
sido comunicados por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) al
Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que así podrá proclamarlos a más tardar,
el 15 de diciembre y dar por concluido el proceso mediante el cual se define
quiénes podrán postular en las Elecciones Generales 2026.
El pleno del Jurado Nacional de Elecciones (JNE)
precisó que son 38 organizaciones políticas que superaron el umbral electoral
de las elecciones primarias y se encuentran expeditas para presentar candidatos
ante los Jurados Electorales Especiales, en el marco de las Elecciones
Generales 2026.
Frente a este mercado de marcas personales la
ciudadanía presenta una desconfianza crónica en las elites y las instituciones,
por los largos episodios de corrupción y crisis institucional que han erosionado la confianza en los
partidos políticos y autoridades, cuando las instituciones pierden legitimidad
los ciudadanos buscan alternativas nuevas a la política tradicional, incluso si
estas alternativas carecen de sustento técnico. Existe un rechazo a la casta política,
surge la narrativa anti-elite y premia a autsiders y a quienes prometen
ruptura, aunque sus propuestas sean inviables.
Existe
un ruido mediático y polarización, por la baja calidad informativa, medios
sensacionalistas, redes sociales
priorizan relatos emocionales sobre un análisis riguroso, la agenda se
centra en escándalos o frases
simplistas. Muchos votantes especialmente del sector rural no disponen de
herramientas para evaluar la viabilidad fiscal o las consecuencias
macroeconómicas de promesas populistas. El elector se enfrenta a elecciones
fragmentadas hacen que el voto sea reactivamente emocional (voto anti) en lugar
de un voto evaluativo (voto por).
Existen
incentivos cortoplacistas y clientelismo informal por la vulnerabilidad
económica en contextos de pobreza y precariedad, los electores responden a
ofertas con beneficios inmediatos (subsidios, transferencia directa, promesas
de empleo) mas que a reformas
estructurales de largo plazo. Campañas que entregan bienes , promesas
inmediatas o valores locales movilizan electores eficazmente en ausencia de
programas creíbles.
Hace
muchos años los partidos políticos fueron blanco de ataques por el sector de izquierda
radical para desacreditar y convencer al ciudadano que el sistema político no
funciona y hay que cambiarlo mediante una nueva constitución. Convirtiéndose en
partidos débiles y posteriormente nace los partidos de marca personal que hoy
enfrentamos basada en carisma no en capacidades
técnicas o equipos de gobiernos solidos, como puede ser posible haber llegada a
tener 38 candidatos presidenciales la competencia se polariza y mensajes
simples y extremos encuentran audiencias amplias.
La
premisa en estas elecciones es hacer promesas electorales ofrecer todo para
todos funciona como señal de generosidad y empatía; muchos votantes prefieren
la promesa a la explicación técnica de por qué no es sostenible. presentaciones
de soluciones instantáneas (por ejemplo, condonar deuda, duplicar pensiones,
eliminar impuestos) resuenan cuando la complejidad queda relegada.
Estamos
expuestos al voto por simpatía, calificar los errores simplistas de los
candidatos, recordar un titular atractivo, llevan a decisiones menos
racionales. Emociones dominantes: miedo, indignación o esperanza intensa pesan
más que cálculos racionales sobre costo y beneficios colectivos.
Existen
líderes que polarizan y ofrecen respuestas simples a problemas complejos; suelen
capitalizar la insatisfacción social. La percepción de cercanía, lenguaje
coloquial o promesas simbólicas pesan más que antecedentes técnicos.
Frente
a este escenario, las consecuencias económicas y políticas enfrentan déficit,
inflación, pérdida de inversión y ajustes abruptos posteriores. Políticas
erráticas, conflictos con mercados y organismos multilaterales, y posibilidad
de ciclos de sanciones o imprevistos macroeconómicos: los reveses económicos
refuerzan la desconfianza y la volatilidad electoral, perpetuando el problema.
Al
final del día nos preguntamos:
¿Qué está pasando con el ciudadano peruano?
Lo
que se aprecia es la "fatiga democrática". 20 años de
presidentes procesados, vacados, renunciantes y sentenciados; el elector
peruano ha desarrollado una coraza de escepticismo. La gente no busca un gestor,
busca un "vengador" o un "mago". El ciudadano peruano no
está "fallando" por elección consciente del caos, sino que está
reaccionando a un ecosistema donde la verdad técnica no tiene rentabilidad
política. Mientras el plan de gobierno sea un documento que "nadie
lee" y el debate sea un show de simpatías e insultos, seguiremos atrapados
en el ciclo de elegir la esperanza de corto plazo sobre la estabilidad de largo
aliento.
No
es solo ignorancia, es una reacción racional ante gobiernos que no han servido
al pueblo. Votar por promesas inmediatas puede ser un intento de priorizar
supervivencia material frente a soluciones largas y técnicas que parecen no
llegar. Informalidad, pobreza, ausencia de protección social efectiva y
experiencias de exclusión hacen que ofertas de corto plazo tengan una lógica
electoral comprensible. La política convertida en espectáculo favorece mensajes
emocionales que son más persuasivos que los discursos técnicos. La política se
ha judicializado; el Ministerio Público y el Poder Judicial se han convertido en
operadores políticos, como queda demostrado con el exfiscal José Domingo Pérez, hoy convertido en
abogado del golpista expresidente Pedro Castillo Terrones. Fiscal que cuando
estuvo en funciones sometió tres veces a prisión preventiva a la Sra. Keiko Sofía Fujimori Higuchi, presidenta del partido Fuerza
Popular. En complicidad con el juez Richard Concepción
Carhuancho. Todo lo actuado fue declarado nulo, las resoluciones emitidas en el
caso cocteles por el Tribunal Constitucional, nos guste o no nos guste.
¿Por
qué elegimos propuestas inviables?
En
las últimas cinco elecciones, nuestro país ha pasado de ser el "milagro
económico" de la región a un estado de parálisis política crónica. El
ciudadano no vota necesariamente "mal" por falta de inteligencia,
sino como respuesta a gobiernos que han
roto el contrato social. Por factores de corrupción generalizada, y llevar los
recursos del Estado a gasto corriente en vez de priorizar inversión en
hospitales, carreteras, puentes, colegios en favor de la ciudadanía.
El
colapso de los partidos y la "venta de ilusiones"
Desde
la caída de los partidos tradicionales (Acción Popular, el Partido Aprista Peruano (PAP), el Partido Popular Cristiano (PPC) y movimientos de alcance nacional como Fuerza Popular), la política peruana se convirtió en un mercado
de marcas personales. Sin instituciones sólidas que filtren planes de
gobierno serios, el elector se enfrenta a una góndola de productos (candidatos)
donde el que ofrece el "beneficio inmediato" más atractivo gana la atención.
Las promesas inviables actúan como un mecanismo de marketing en un
entorno de alta informalidad (cerca del 75%). Para alguien que no recibe
beneficios del Estado, un plan de gobierno a 20 años es ruido; una promesa de
dinero directo o control de precios suena a solución.
El
voto como "gasto de consumo" y no como "inversión"
En
economía, distinguimos entre consumo (satisfacción inmediata) e inversión
(beneficio futuro). El votante ha dejado de ver el voto como una inversión en
estabilidad y lo usa como un voto de castigo o de desahogo. Al sentir
que el "crecimiento macro" no llegó a su bolsillo, el ciudadano elige
al candidato que mejor encarna su resentimiento contra las élites, aunque su
plan económico sea técnicamente un suicidio financiero.
Hiperinflación
de promesas
La
psicología económica explica que los seres humanos tendemos a valorar mucho más
el beneficio presente que el futuro. Si un candidato ofrece "renegociar
contratos en 24 horas" (inviable pero emocionante) frente a otro que
propone "reforma del servicio civil en 5 años" (viable pero
aburrido), el cerebro del elector agotado por la crisis elegirá la
gratificación instantánea.
El
triunfo de las minorías
Hace
dos décadas en nuestro país no gana el "mejor", gana el que sobrevive
a una primera vuelta hiperfragmentada. Con 38 candidatos, alguien puede pasar
al balotaje con apenas el 10% o 15% de los votos válidos. Esto obliga a
los candidatos a radicalizar sus ofertas para asegurar ese pequeño nicho,
dejando la viabilidad técnica en segundo plano.
Aquí
pretendo hacer algunas recomendaciones para revertir las tendencias (políticas
públicas y acciones).
Campañas
de educación cívica y económica accesibles, auditorías ciudadanas simplificadas
y verificación de promesas en lenguaje claro. Fortalecer partidos y cuadros
técnicos, incentivos para
profesionalizar equipos de gobierno y transparencia en la presentación de
planes de gobierno (costeo fiscal obligatorio y validado por institución
independiente). Reducción del clientelismo político: digitalizar transferencias
sociales, condicionar programas a transparencia y cobertura universal que
reduzca el poder discrecional. Regulación de campañas y financiamiento,
fiscalización más estricta, límites a gasto invisible y sanciones a publicidad
engañosa. Instituciones técnicas: Ministerios, Banco Central, Contraloría, Defensoría
del Pueblo deben comunicar riesgos y
escenarios en formatos comprensibles y creíbles. Combinar soluciones inmediatas
con reformas estructurales para mostrar resultados tangibles y construir
confianza.
En
estas elecciones del 12 de abril 2026 nos enfrentamos a muchas promesas
inviables; es una combinación de desconfianza institucional, vulnerabilidad
económica, información imperfecta, clientelismo y dinámicas mediáticas y
psicológicas. Entender que muchos votantes actúan con racionalidad en contextos
de precariedad que se propone mejorar información, reducir incentivos
clientelares, profesionalizar la política y ofrecer resultados visibles a corto
plazo sin sacrificar sostenibilidad fiscal. Sin estas acciones, la repetición
del fenómeno en el 2026 y en elecciones futuras será probable.
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