El Niño en el
horizonte peruano: Entre la ciencia, el riesgo y la deuda de la prevención
Por: Ulises Rodas,
Dr. en Economía
Los pronósticos oficiales del clima ya
advierten que, entre octubre y diciembre de 2026, es muy probable que el
fenómeno de El Niño se vuelva a presentar en las costas del país, con
intensidad que podría oscilar entre moderada y fuerte. Frente a esta
perspectiva, cabe una pregunta inevitable: ¿Está el país realmente preparado
para afrontar sus consecuencias? Para responderlo, analizamos tres aspectos
fundamentales: la definición, los riesgos que implica y el estado de
preparación, incluyendo los recursos económicos destinados y el nivel de
ejecución.
¿Qué es el fenómeno de El Niño?
El Niño es la fase cálida natural del
ciclo climático conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Se presenta
cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se
calientan de forma anómala y prolongada ante las costas de Perú y Ecuador.
Su nombre tiene un origen histórico: los
pescadores de la zona norte observaban que aparecía por allí cerca de las
fiestas de Navidad, por lo que le llamaron “El Niño”, en referencia al Niño
Jesús. Se presenta cada 2 a 7 años, con una duración usual entre 9 y 12 meses.
En el caso peruano, además de este fenómeno global, existe una variante local
llamada ‘El Niño Costero’; afecta una franja más pequeña del mar, pero genera
un calentamiento muy intenso cerca de la costa, lo que causa lluvias mucho más
fuertes y concentradas, con impactos locales mucho más graves que los de un
evento global promedio.
Por lo general, la corriente de
Humboldt trae a la costa peruana aguas frías y ricas en nutrientes, manteniendo
un clima árido y estable. Pero durante El Niño esa corriente es desplazada por
una masa de agua cálida. Producir una evaporación masiva. Como consecuencia, se
forman nubes de gran desarrollo vertical que descargan precipitaciones atípicas
y torrenciales, sobre todo en la costa norte y centro del país, zonas que
normalmente son desérticas o semiáridas.
¿Consecuencias y riesgos de desastres?
Los efectos de El Niño no son uniformes
en todo el país; se ven claramente alterados por la zona geográfica:
Son las regiones más vulnerables de la
costa norte (Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad). Se presentan lluvias
torrenciales que superan ampliamente los promedios habituales, desbordando los
ríos, provocando huaicos, inundaciones extensas y daños graves en viviendas,
carreteras, puentes, redes de agua potable y alcantarillado. Para referencia,
El Niño Costero de 2017 dejó más de 160 fallecidos, más de 1,5 millones de
personas afectadas y pérdidas económicas estimadas en más de 17.300 millones de
soles.
En la Sierra Sur y la Amazonía, el
escenario es inverso: sequías prolongadas, marcada disminución de los caudales
de los ríos, escasez de agua para consumo humano y riego, y mayor riesgo de
incendios forestales.
Impactos secundarios: la pesca se
desploma, la agricultura pierde, las enfermedades asociadas al agua y a
vectores como el dengue o la malaria crecen, y los alimentos se encarecen
porque se rompen las cadenas de producción y transporte.
¿Cuán preparado está el país? Recursos
y ejecución presupuestal
Para
reducir estos riesgos, el Estado ha definido planes y asignado recursos
específicos. Sin embargo, los datos revelan una realidad preocupante: Recursos
destinados: Según información de la Contraloría General de la República y el
Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), actualizada a junio de 2026: Se ha
asignado un presupuesto específico de 3.565 millones de soles para acciones de
prevención y respuesta ante El Niño en el presente año. A esto se suma el programa presupuestal
permanente “Reducción de la vulnerabilidad ante desastres”, que cuenta con
2.501 millones de soles. Para obras
estructurales de gran escala como defensas ribereñas y sistemas de drenaje, la
Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) tiene programados 29 proyectos
prioritarios, con una inversión estimada en 15.000 millones de soles en 14
departamentos de alto riesgo. - Además, se aprobaron partidas adicionales por
4.500 millones de soles en el 2025 y 1.446 millones de soles para atender 619
intervenciones en 7 regiones críticas.
¿Nivel de ejecución?
Aunque los montos asignados son
bastante significativos, el avance es realmente bajo. De un presupuesto específico
de 3.565 millones, solo se ha ejecutado el 5,6%, lo que se traduce en alrededor
de 200 millones de soles gastados hasta ahora. En cuanto a los niveles de gobierno,
el gobierno nacional ha ejecutado apenas el 2,4%; los gobiernos regionales han
alcanzado un 5,6%, mientras que los gobiernos locales muestran un mejor desempeño,
aunque aún insuficiente, con su avance del 54,9%. En las regiones más
vulnerables, Piura tiene un avance del 26,7%, Lambayeque del 38,8% y Tumbes
apenas llega al 2,7%. Las obras estructurales prioritarias siguen en gran
medida paralizadas debido a retrasos en los desembolsos, lo que genera un
riesgo real de que no se terminen antes de que lleguen las lluvias.
¿Por qué no se está utilizando el
dinero?
Los informes de la Contraloría General
de la República y del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) coinciden en las
causas de este “cuello de botella”. Incapacidad técnica local. Muchas municipalidades
carecen de ingenieros o planificadores suficientes para elaborar los
expedientes técnicos de las obras de mitigación. Burocracia y normativas. La
Ley de Contrataciones del Estado y los procesos administrativos hacen que la aprobación
de un proyecto para encauzar un río pueda tardar meses e incluso años. Cuando la
naturaleza no espera. Falta de mantenimiento. El dinero se destina a obras
nuevas (que más son para la foto políticamente) y no al mantenimiento operativo
anual de limpieza de ríos y drenajes, que es lo que realmente salva vidas. Corrupción,
malos manejos, desvío de fondos o paralización de obras debido a inconsistencias
contractuales.
¿Cómo romper el ciclo de la tragedia?
El fenómeno de El
Niño es un evento natural; convertirlo en un desastre humanitario es una
decisión humana. El Estado destina miles de millones de soles para hacerle
frente, pero la baja ejecución del presupuesto preventivo en el Gobierno
Nacional, Regional y los Gobiernos Locales demuestra que seguimos atrapados en
la cultura de la "reconstrucción" en lugar de la
"prevención".
Mientras no se
simplifique la burocracia para las obras de mitigación, no se capacite
técnicamente a los funcionarios de las regiones, municipalidades y no se
fiscalice el gasto preventivo con mano dura, el país seguirá llorando a sus
muertos y contando sus pérdidas económicas cada vez que el Pacífico decida
calentarse. El dinero está en el papel; el reto es que llegue a las regiones y
municipalidades antes de que caiga la primera gota de lluvia.
En conclusión, nuestro país cuenta con planes definidos y con los
recursos económicos aprobados para enfrentar el fenómeno. El problema principal
no es la falta de asignación, sino la lentitud en la ejecución, las trabas
burocráticas y la falta de continuidad en los proyectos. En definitiva: hay
presupuesto, pero el gobierno nacional, las regiones y municipalidades llegan con retraso en el
tiempo de preparación, justo cuando el reto climático se acerca cada vez más.
Fuentes consultadas:
- Contraloría General de la República (informes de
monitoreo, mayo-junio 2026)
- Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)
- Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN)
- Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología
(Senamhi)
- Reportes de medios especializados y agencias de
noticias oficiales

No hay comentarios:
Publicar un comentario